Sacerdote muere tras rezar el Ave María en la misa…Ver más

La vida, a veces, parece orquestada con una sensibilidad que escapa de lo común, entregando desenlaces que se asemejan más a poesías que a simples noticias de obituario. La trayectoria del Padre José Luciano Jacques Penido, quien partió a los 103 años en Juiz de Fora (MG), es el ejemplo perfecto de una historia escrita con precisión y propósito.
En su último suspiro, no solo dejó un legado de fe, sino que ofreció una lección de puntualidad espiritual: falleció exactamente un minuto antes de las 18h, después de concluir la última plegaria del Ave María.
Una vida dedicada al servicio y a la formación misionera
Nacido en 1922, en la ciudad de Belo Vale (MG), el Padre Penido pertenecía a una generación en la que la vocación se manifestaba temprano y con una fuerza inquebrantable. Criado en una numerosa familia de 13 hermanos, ingresó al seminario con apenas 11 años, trazando un camino que lo llevaría a la ordenación sacerdotal en 1947. Como miembro de la Congregación del Santísimo Redentor, su labor fue mucho más allá de las paredes de las parroquias por donde pasó.
El religioso fue un verdadero peregrino de la fe, recorriendo Río de Janeiro, São Paulo y Minas Gerais como misionero y gestor. Su sed de conocimiento lo llevó a cruzar el océano rumbo a Italia, donde estudió Teología y Periodismo en Roma. Esa formación intelectual le permitió colaborar con Radio Vaticana, uniendo la comunicación al servicio pastoral.
En Brasil, ocupó cargos de liderazgo, siendo incluso superior de la antigua Provincia de Río de Janeiro de los Redentoristas. Para él, el sacerdocio no era un refugio, sino una plataforma para educar, liderar y transformar las comunidades que lo rodeaban.
El legado cultural y el reconocimiento de toda una vida
Aunque su identidad estaba profundamente ligada a la sotana, el Padre Penido comprendía que la fe debe caminar de la mano con la justicia histórica. Fue el creador y fundador del Museo del Esclavo en su ciudad natal, Belo Vale.
La institución se convirtió en una referencia nacional en la preservación de la memoria de la resistencia negra, reforzando la importancia de no olvidar las cicatrices del pasado para construir un futuro más consciente. Esa mirada humanista demostraba que el sacerdote no estaba preocupado únicamente por el “cielo”, sino también por la dignidad de los hijos de Dios aquí en la Tierra.
Al cumplir su centenario en 2022, el reconocimiento volvió a cruzar fronteras nacionales. Recibió una bendición apostólica enviada por el Papa Francisco, un sello de gratitud por más de siete décadas de entrega ininterrumpida a la Iglesia.
El cierre de esa trayectoria fue tan simbólico como su propia vida. El sepelio, realizado el pasado domingo (11), estuvo marcado por el repique de las campanas al mediodía, durante la tradicional Hora del Ángelus. Entre cánticos y oraciones, la comunidad de Juiz de Fora despidió al hombre que vivió un siglo de dedicación y eligió el silencio de una plegaria concluida para decir su último adiós. Después de todo, para quien dedicó 103 años al Evangelio, nada más justo que una partida triunfal, sincronizada con el eco de las oraciones que tanto amó.