Soldado británico conoció a un niño con graves deformidades faciales durante la guerra, prometió ayudarlo y logró cambiar su vida

Wayne Ingram tenía una foto en las manos y no podía dejar de mirarla.

Era 2003, estaba en Bosnia como sargento del ejército británico, y esa foto mostraba a Stefan Slavic, un niño de apenas cuatro años con una fisura facial tan grave que le habían dado, en el mejor de los casos, un par de años de vida. En lugar de nariz, un bulto de hueso y carne le empujaba lentamente los ojos hacia los costados. Milos, el padre del niño, un veterano de guerra herido, solo quería saber si algún soldado extranjero podía ayudar.

Wayne no tenía el dinero ni la autoridad para prometer nada. Lo prometió igual. Trece años, cinco cirugías y 160.000 libras esterlinas después —pagadas con partidos de fútbol, donaciones de desconocidos y hasta la venta de su propia moto— Stefan tiene 26 años, toca teclado en una banda de folk bosnia y le escribió a Wayne: “Te quiero, amigo mío, para siempre”.