Profesora no resiste tras ser atacada a puñaladas por alumno en facultad; la motivación es un misterio

Ni siquiera dentro de una institución de enseñanza, espacio tradicionalmente asociado al diálogo y a la formación, profesores y alumnos consiguen sentirse totalmente seguros. Episodios recientes muestran que conflictos y desequilibrios pueden surgir donde menos se espera, transformando ambientes académicos en escenarios de miedo e inseguridad. El ataque ocurrido en una facultad privada de Porto Velho refuerza esa preocupación y plantea cuestionamientos urgentes sobre protección y prevención dentro de los campus universitarios. En la noche del pasado viernes, día 6 de febrero, la profesora de Derecho Juliana Santiago murió tras ser atacada con golpes de cuchillo por un alumno dentro de un aula del Centro Universitario Aparício Carvalho (Fimca). Q.E.P.D.

El caso causó una fuerte conmoción entre estudiantes, docentes y habitantes de la capital de Rondônia, sobre todo por la sorpresa y rapidez con la que la situación se desarrolló. Juliana incluso llegó a ser socorrida y llevada al Hospital João Paulo II, pero no resistió a las heridas. De acuerdo con la propia institución, el autor del ataque es João Junior, alumno regularmente matriculado. El motivo que llevó a la agresión aún no ha sido aclarado por las autoridades y sigue bajo investigación. Imágenes grabadas por personas que estaban en el lugar muestran el momento en que el sospechoso es contenido por otros alumnos, antes de la llegada de la policía. Él fue arrestado en flagrancia y trasladado a la Central de Policía.

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La facultad suspendió las clases tras lo ocurrido e informó que colabora con las investigaciones. El episodio generó un clima de aprensión entre los estudiantes, muchos de los cuales relataron choque al percibir que la violencia ocurrió durante una actividad académica común. Mientras la policía investiga las circunstancias del ataque, la comunidad académica intenta lidiar con el impacto emocional dejado por el caso. El episodio sirve como una alerta contundente: las universidades necesitan ser espacios de aprendizaje, pero también de cuidado, vigilancia y acogida, para que episodios extremos no vuelvan a repetirse.