Una abuela de 79 años escarbaba en un cubo de basura todas las mañanas. La gente creía que buscaba comida, pero la verdad era mucho peor.

La anciana vivía en el primer piso, en un apartamento con las ventanas empañadas y ficus caídos en el alféizar.

Nadie sabía realmente quién era. Los vecinos sabían una cosa: todos los días, exactamente a las seis de la mañana, salía a los cubos de basura con una bolsa grande y descolorida. Y empezaba a escarbar. Durante mucho tiempo. Como si buscara algo importante.

— Volvió a ir…
— ¿Quizás busca comida? ¿O botellas?
— No, solo está loca.
— O una bruja. Sus ojos son como los de un búho, comentaban los vecinos.

Una niña de nueve años vivía en la misma casa. A menudo veía a su abuela desde la ventana y no entendía por qué hacía eso todos los días. Un día, la curiosidad venció al miedo. Cuando su madre se fue a trabajar, bajó al patio y se acercó.

—Abuela… ¿Has perdido algo?

La niña esperaba una grosería, pero la abuela susurró de repente:

— ¿Has visto a un bebé aquí?

La niña se quedó atónita.

— ¿Quién?

— Un niño… muy pequeño… estaba envuelto en una manta. Lo perdí. Está por aquí.

Con estas palabras, volvió a inclinarse sobre la basura y empezó a rebuscar entre las bolsas viejas, sin prestarle ya atención.

La niña corrió a casa horrorizada. Y por la noche se lo contó todo a su madre. Se puso pálida y solo susurró:

— No la molestes más, ¿me oyes? No te acerques.

Una semana después, la anciana murió, justo al lado de los contenedores de basura. De un derrame cerebral. La ambulancia llegó rápido, pero tarde. Los conserjes se llevaron la bolsa de la que nunca se separó. Y un par de días después, la gente empezó a susurrar en el banco cerca de la entrada:

— ¿Has oído lo que han descubierto sobre ella?

— ¿Sobre quién?

— Sobre esta abuela. A los quince años, dio a luz en secreto. En casa. Su padre, que supuestamente era vecino, le doblaba la edad. Lo ocultó todo. Dio a luz y enseguida tiró al niño a la basura. Su madre la golpeó y la echó de casa.

— ¡Dios mío!…

— Desde entonces, se ha vuelto loca. Estaba en un hospital psiquiátrico o en casa. Y luego se encerró por completo. Y todos los días iba a la basura. A buscar. A su hijo.