A MI PERRO LO ATACARON Y LUEGO NOS CULPARON POR ELLO

A MI PERRO LO ATACARON Y LUEGO NOS CULPARON POR ELLO
Estábamos en nuestro paseo vespertino habitual, la misma ruta que habíamos hecho cientos de veces.

Marley llevaba el chaleco puesto, meneando la cola, olfateándolo todo como si fuera nuevo. Apenas habíamos llegado a la segunda cuadra cuando se abrió una puerta de golpe.
Dos perros vinieron cargando.

Me quedé paralizado. Marley no ladró ni gruñó; simplemente se quedó allí, inmóvil como una estatua. Uno de ellos se abalanzó. Grité. Para cuando el dueño los arrancó, Marley tenía la oreja desgarrada y el hombro sangraba.
Lo llevé de urgencias al veterinario. Le cosieron y dijeron que no se defendió en absoluto.

Pero aquí está la parte que todavía me hace apretar la mandíbula: al día siguiente, recibí una visita de Control de Animales.
El dueño del otro perro había presentado una denuncia contra nosotros.

Dijo que Marley era «agresiva por raza». Dijo que sus perros se defendían.
El oficial me advirtió. Me dijo que si volvía a ocurrir, Marley podría ser catalogado como «perro peligroso». Un golpe más y me lo podrían quitar.